ISONOMÍA: Igualdad ante la ley.

ISEGORÍA: Igualdad de derecho para participar en la asamblea.
ISOCRATIA: Igualdad de poder.
“Aunque estuviéramos seguros del fracaso, nos pondríamos en marcha de todas formas, porque el silencio se ha convertido en intolerable”. (E.Mounier).

No corren buenos tiempos para eso que siempre hemos llamado diálogo. Sin embargo, he aquí que yo ando enamorado de esta antigualla para ilusos.Aquí cada uno se encastilla en su previa posición y alarga con empecinado tesón las murallas de sus convicciones. Amantes de la claridad al modo cartesiano, de las certezas de salón da amigos, nos olvidamos que la VERDAD nos transciende a todos y que todos hemos de buscarla de igual modo.


Parece evidente que en este fragmento, su autor apela al egoísmo personal como motor de la economía y alude, como un hecho consumado, a la excepcionalidad del interés por la cosa pública.
Creo que el mismo A. Smith percibe lo paradójico de su planteamiento. Es de todo punto inviable pensar en un interés público invocando como principio y fundamento el me, mi, conmigo, para mí, de mí y toda su constelación yoísta. La mano invisible viene aquí a ocupar el papel de la glándula pineal cartesiana. El amigo Renato intentaba conciliar a la desesperada dos realidades que él consideraba "autónomas": res cogitans y res extensa. El Sr. Smith pretende conciliar un yo concentrado en el ánimo de lucro, con la realidad del "inter-esse" público. Ante esto no le queda otra alternativa que recurrir al artificio pineal de la mano invisible. La gran diferencia es que el invento glandular de Descartes no ha producido tantas hambrunas, desigualdades y muertes como el del Sr. Smith.
Otro asunto conectado con éste es el de considerar al hombre como una "naturaleza lucrativa", algo así como si el afán de lucro fuera un impulso genético, como si el egoísmo y la competitividad formaran parte de la "naturaleza humana". A esto lo llamó David Hume "falacia naturalista". Ésta surge de confundir las exigencias de la naturaleza humana con lo que no son más que rasgos de la propia cultura: el salto del "ser" al "deber ser".
Termino con un conocido texto de Keynes: "...el problema moral de nuestra época tiene que ver con el amor al dinero, con la apelación habitual al motivo monetario en el 90 por 100 de las actividades de la vida, con el afán universal por conseguir la seguridad económica individual como principal objetivo del esfuerzo, con la aprobación social del dinero como medida del éxito constructivo y con la apelación social al instinto de acumulación como fundamento de la necesaria provisión para la familia y para el futuro".


er la ya insólita bandera de la difunta socialdemocracia?. Seré breve y contundente. Pondré, a quien corresponda, este artículo como ejemplo de:
1) Cómo no se debe hacer un artículo. Desastroso en el desarrollo expositivo. Desordenado en el razonamiento y con una esquizofrenia conceptual de primer orden. Véase la equívoca utilización de los conceptos igualdad-igualitarismo.
2) Cómo no debe ser un periodista:
Absolutamente unilateral en la selección de los acontecimientos (véase la alusión al terrorismo islámico ignorando el israelí o incluso el estadounidense).
Absolutamente necio en la comparación de contextos históricos y culturales absolutamente distintos. (Curiosamente el que aboga por la diferenciación y distinción cae en el igualitarismo contextual de todo y de todos). Véase el incluir en el mismo saco terrorismo vasco y terrorismo islámico.
Absolutamente ayuno de conocimientos históricos. Veáse la relación que establece entre la formación de las sociedades democráticas occidentales y la cultura cristiana, obviando que ésta también estaba presente en las barbaridades cometidas en la Edad Media.
Absolutamente desconocedor de la proclamación universal de los derechos humanos o lo que es peor, absolutamente manipulador de los mismos. Curiosamente nos ilustra sobre el artículo número 7 que habla de la igualdad ante la ley, pero pasa por alto nada menos que el número 1 que habla de la igualdad en dignidad y derechos. Creo que esta amputación no es inocente.
3) Cómo exponer muy torpemente algunas líneas de fondo del liberalismo al uso. Pese a estar ideológicamente en las mismas antípodas de este pensamiento, me duele (nos debe doler a todos) ver al enemigo tan vergonzosamente defendido.
http://www.abc.es/20100108/opinion-tercera/amenaza-igualdad-20100108.html

Creo que no puede sorprender a nadie que le hayan concedido a al presidente de los EEUU el premio Nobel de la Paz. Nos bastaría hacer una sencilla excursión por los nombres que ostentan tal título, para abandonar toda esperanza de que el susodicho premio pueda llegar a ser alguna vez significativo o si se prefiere mínimamente valioso. Lo que ocurre es que este mercado de la ambiguedad, este indecente revoltijo de nombres, acaba haciendo recostar en impúdico concubinato dos concepciones casi antagónicas de lo que es la paz, o mejor, de cómo alcanzar la paz.
Puedo llegar a entender que Obama no pueda, por su circunstancia tener un gesto de paz con la deseada radicalidad. Efectivamente, todos vivimos en un mundo estructuralmente injusto y por injusto estructuralmente violento y por violento estructuralmente ciego para vivir la paz, no solo como meta, sino también como valor cotidianamente ejecutable, como "camino" que diría Gandhi. Todos podemos llegar a comprender que la paz es un camino de largo recorrido, repleto de pequeñas acciones y cómplices sinergias. Pero ya que nos faltan gestos comprometidos, proféticos y auténticos por parte de los políticos, no permitamos -que este indigno amasijo, también llamado, premios Nobel- haga que se desvirtúen los nombres de aquellos que, en muchas ocasiones, han dado su vida por la paz y nos hacen mantener (a muchos ¡oh ingenuos irredentos), una razón para la esperanza.Con nocturnidad, alevosía y sin piedad. Así asesinaron los militares del Ejército de El Salvador al filo de la madrugada del 16 de noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) a seis jesuitas y dos mujeres salvadoreñas. Entraron en la residencia disparando y el primer tiró fue a dar al corazón de monseñor Romero en una fotografía suya que
colgaba de la pared. Diez años después de su asesinato, sabían que seguía vivo en la memoria del pueblo salvadoreño y querían matarlo de nuevo. Luego sacaron a los jesuitas al patio, les obligaron a tumbarse boca abajo y les dispararon a la cabeza.
Quiero recordar sus nombres para que queden fijados en la memoria colectiva como ejemplo vivo de compromiso ético y de fidelidad evangélica: Joaquín López, 70 años, salvadoreño, fundador de la UCA a mediados de los sesenta y director de de la obra latinoamericana de promoción social “Fe y Alegría”; Segundo Montes, burgalés, 56 años, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Juan Ramón Moreno, español, de la misma edad, subdirector del Centro Monseñor Romero; Amando López, español, 53 años, profesor de teología; Ignacio Martín Baró, 47 años, vallisoletano, vicerrector de grado de la UCA; Ignacio Ellacuría, 59 años, vasco, rector de la UCA, filósofo y teólogo. Eran lo más granado de la inteligencia salvadoreña y el referente del catolicismo liberador.Con estas palabras, del teólogo J.J Tamayo quiero hacer mi pobre contribución al indispensable homenaje a Ignacio Ellacuría, filósofo y teólogo de la liberación. A aquel que puso todo su saber cordial a disposición de los más pobres y necesitados. A aquel que siguiendo la estela de otros tantos han dado su vida no por creer que otro mundo es posible... sino por haber empezado hacer realidad su esperanza.