No corren buenos tiempos para eso que siempre hemos llamado diálogo. Sin embargo, he aquí que yo ando enamorado de esta antigualla para ilusos.Aquí cada uno se encastilla en su previa posición y alarga con empecinado tesón las murallas de sus convicciones. Amantes de la claridad al modo cartesiano, de las certezas de salón da amigos, nos olvidamos que la VERDAD nos transciende a todos y que todos hemos de buscarla de igual modo.“Aunque estuviéramos seguros del fracaso, nos pondríamos en marcha de todas formas, porque el silencio se ha convertido en intolerable”. (E.Mounier).
13 de octubre de 2011
ELOGIO DEL DIÁLOGO
No corren buenos tiempos para eso que siempre hemos llamado diálogo. Sin embargo, he aquí que yo ando enamorado de esta antigualla para ilusos.Aquí cada uno se encastilla en su previa posición y alarga con empecinado tesón las murallas de sus convicciones. Amantes de la claridad al modo cartesiano, de las certezas de salón da amigos, nos olvidamos que la VERDAD nos transciende a todos y que todos hemos de buscarla de igual modo.28 de agosto de 2011
¡AVISO PARA NAVEGANTES...!
14 de mayo de 2011
HOMENAJE A JOSÉ MARÍA MARDONES

José María Mardones nació el 14 de noviembre de 1943 en Zalla (Vizcaya). Pronto sintió la vocación religiosa y se hizo hermano marista. Fue a estudiar a Alemania, donde trabajó con los más grandes: J. Moltmann y W. Kasper. Aunque quien más le influyó fue el filósofo José Manzana, muerto prematuramente. Se interesó mucho por la Escuela de Fráncfort, sobre la que escribió dos libros especializados que siguen siendo referencia obligada para los estudiosos del tema.
Dedicó su vida a la Filosofía y a la Sociología de la Religión, tanto en la Universidad del País Vasco, donde impartía clases, como en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde trabajó con total intensidad. Como dice su amigo, el teólogo Xavier Pikaza, «su vida estuvo centrada en tres frentes: la investigación y la docencia, las publicaciones y el trabajo pastoral directo en diversos grupos y comunidades».
Porque Mardones fue siempre un teórico con raíces práxicas. De hecho, cuando volvió de Alemania, fundó junto a otros maristas vascos, como Patxi Loidi y Pedro Olalde, la sociedad de vida apostólica Fe y Justicia. Era, por lo tanto, un religioso de votos privados de derecho diocesano, que dependía del obispado de Bilbao.
Como pensador es una referencia constante en las últimas décadas de la Iglesia española. Un filósofo serio, profundo, pero libre. Analizaba el fenómeno religioso con total valentía. Y era uno de los pocos que se atrevía a decirle a los obispos lo que pensaba cara a cara. Con autoridad, porque fue el que mejor estudió el fenómeno de la religión en la sociedad actual. Con libros tan importantes como Postmodernidad y cristianismo, Capitalismo y religión o Fe y política.
Pero quizás su obra más fecunda haya sido su propia vida, basada en una profunda espiritualidad, que sabía transmitir con una enorme cercanía. Era un gran conferenciante, siempre muy solicitado, pero ejercía sobre todo el ministerio de la palabra con mucha dedicación y mucho carisma en diferentes grupos de fe de Madrid y de México. Solía impartir conferencias y dirigía convivencias, retiros y ejercicios espirituales en todo el país.
5 de mayo de 2011
PRÓXIMO 22 DE MAYO...¿A QUIÉN VOTO? Una reflexión creyente y esperanzada.
Por este motivo a aquellos que intentamos seguir el estilo de vida de Jesús de Nazaret, no nos puede resultar ajeno o indiferente todo aquello que acontezca en ese ámbito común de convivencia al que solemos denominar como “vida pública".
Desde esta inserción, tanto personal como asociada, en la vida pública, adquiere un sentido especialmente relevante la participación en las elecciones democráticas. Este acontecimiento me exige una indeclinable responsabilidad. Es cierto que hechos como la corrupción política cada vez más manifiesta, una desertización progresiva del tejido social y comunitario que va haciendo emerger un perfil de democracia meramente representativa (no se sabe exactamente de quién) y una sensación creciente de que las decisiones políticas vienen marcadas por instancias ajenas (económicas y financieras) al poder democrático, invitan a que muchas personas –cada vez más- manifiesten un escepticismo político, en cierto modo, razonable. Sin embargo, pienso que estos hechos no han de ser una llamada al desaliento sino más bien acontecimientos que demandan de todos una mayor participación y creatividad en la vida pública y política. La participación consciente con el voto en unas elecciones democráticas es, sin duda alguna, un auténtico ejercicio de “caridad política”
¿QUE VOY A TENER EN CUENTA PARA SABER A QUIÉN VOTAR?
Es conveniente que para discernir el voto con responsabilidad haga lo posible para contar siempre con una información y formación adecuadas . Las elecciones a las que se me convoca en esta ocasión, son de carácter local y autonómico. Esto significa que sobre todo tengo que tener puesta la mirada en el desarrollo de las políticas llevadas a cabo en mi ayuntamiento y Comunidad Autónoma. De cualquier modo, tampoco puedo prescindir por completo, para ejercer nuestro derecho al voto, de una mirada crítica a la política llevada a cabo a nivel estatal, ya que ambas suelen estar en continua interrelación.
Desde este marco previo creo que habría que realizar personal y comunitariamente una reflexión profunda iluminada desde la fe en Jesús de Nazaret y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Aquí se exponen algunas sugerencias, criterios y opciones de fondo que pueden ayudar a realizar este discernimiento:
1) Estamos en un momento de crisis. “La Crisis afecta de una manera u otra a la industria, al comercio, a los servicios y al sector público. La gente de a pie la siente como una amenaza que pende sobre la estabilidad de puestos de trabajo, así como en los recortes salariales, los expedientes de regulación de empleo o el paro. La vemos y padecemos en la regulación de las pensiones y el recorte o desaparición de ayudas sociales. Muchos empresarios, grandes y pequeños, la sufren en las restricciones crediticias y en la disminución, a veces muy grave, de su carga de trabajo. Todos percibimos sus consecuencias al solicitar créditos e hipotecas, al tratar de adquirir una vivienda, al buscar un primer empleo...” . Esta crisis no parece ser un mero hecho coyuntural sino que parece desprenderse de la misma estructura y funcionamiento del sistema económico vigente, ya que muchos de los problemas indicados no han surgido con esta crisis, sino que ya existían y ahora no han hecho más que agravarse.
Ante esta realidad habría que tener en cuenta que la economía, como cualquier otra actividad humana ha de poner siempre a la persona en el centro de todos sus intereses. Todavía sigo creyendo en una economía al servicio de las personas nunca en un sistema económico que ponga la mera ganancia o el aumento progresivo del capital por encima de la necesidad de procurar una vida digna para todas las personas. La actividad económica debe mirar en todo momento al bien común, por ello sería incongruente aceptar ciertas tesis de políticas neoliberales que pretenden una separación entre la gestión económica y la acción política. Sin duda progresar en esta dirección es causa de graves desequilibrios económicos . Por ello se puede asumir para la reflexión aquella invitación que Benedicto XVI nos hace en su última encíclica social: “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo ”
2) A un nivel más cercano – el local y el autonómico – es importante conocer de un modo próximo y comprometido la realidad de mi barrio, pueblo, ciudad etc., pero al modo de Jesús, desde la óptica “del huérfano y la viuda” ; desde la óptica de los más necesitados y empobrecidos. Es fundamental que conozca lo más directamente posible cuáles son las necesidades y carencias de mi municipio y de aquellos lugares y personas donde habitualmente desarrollo mi vida.
Por otra parte, considero que para que mi voto sea realmente responsable y movido únicamente por la pasión “por el Reinado de Dios y su justicia” , tengo que realizar el esfuerzo de informarme de los programas electorales de los partidos de tu localidad o de la comunidad autónoma. Ante ellos podría hacerme estas o parecidas preguntas: ¿Qué políticas desarrollan en el asunto de un urbanismo sostenible?, ¿los problemas medioambientales son preocupación de las propuestas que se hacen?, ¿se tiene en cuenta a los jóvenes o existen medidas de atención a los mayores?, ¿se buscan soluciones ante la precariedad laboral o el paro?, ¿qué proyectos existen ante situaciones como la cultura, la educación, la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer...?, ¿qué atención se da a los más débiles, a la erradicación de la pobreza?, ¿qué medidas se proponen para trabajar con los inmigrantes?
También es importante considerar si a estos niveles locales y autonómicos se está potenciando una auténtica cultura democrática y de participación, creando cauces cercanos de expresión, participación y decisión política.
3) Por lo tanto el criterio general para discernir la orientación de mi voto ha de ser el bien común considerado de un modo íntegro, es decir, aquel que considera “las necesidades de la mayoría de la población, especialmente de los más necesitados, antes que los mismos derechos particulares de los grupos más privilegiados “. También hay que tener en cuenta elementos que afectan al bien común como los derechos sociales (ayudas a las familias, igualdad, garantías de acceso a una educación y una sanidad universal y de calidad, etc.), el derecho a la vida digna (garantizar la vida humana desde la concepción hasta la muerte, apoyar las investigaciones que tratan de mejorar las condiciones de vida de las personas siempre que usen medios éticos y adecuados, etc.).
Espero que estas palabras ayuden a reflexionar sobre el sentido de las elecciones dentro de un marco más amplio de participación y compromiso con la vida pública, y a ejercer con responsabilidad y gozo nuestro derecho al voto el día 22 de mayo, sabiendo que con ello estamos contribuyendo a la instauración y desarrollo de un orden social más justo.
28 de febrero de 2011
CONTRA EL CAPITALISMO.Presupuestos antropológicos

"El hombre reclama en la mayor parte de las circunstancias la ayuda de sus semejantes y en vano puede esperarla sólo de su benevolencia. Lo conseguirá con mayor seguridad interesando en su favor el egoísmo de los otros y haciéndoles ver que es ventajoso para ellos hacer lo que les pide. [...] No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios, sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas. Nadie se propone, por lo general, promover el interés público [...] pero es conducido por una mano invisible a promover el fin que no entraba en sus intenciones".
Parece evidente que en este fragmento, su autor apela al egoísmo personal como motor de la economía y alude, como un hecho consumado, a la excepcionalidad del interés por la cosa pública.
Creo que el mismo A. Smith percibe lo paradójico de su planteamiento. Es de todo punto inviable pensar en un interés público invocando como principio y fundamento el me, mi, conmigo, para mí, de mí y toda su constelación yoísta. La mano invisible viene aquí a ocupar el papel de la glándula pineal cartesiana. El amigo Renato intentaba conciliar a la desesperada dos realidades que él consideraba "autónomas": res cogitans y res extensa. El Sr. Smith pretende conciliar un yo concentrado en el ánimo de lucro, con la realidad del "inter-esse" público. Ante esto no le queda otra alternativa que recurrir al artificio pineal de la mano invisible. La gran diferencia es que el invento glandular de Descartes no ha producido tantas hambrunas, desigualdades y muertes como el del Sr. Smith.
Otro asunto conectado con éste es el de considerar al hombre como una "naturaleza lucrativa", algo así como si el afán de lucro fuera un impulso genético, como si el egoísmo y la competitividad formaran parte de la "naturaleza humana". A esto lo llamó David Hume "falacia naturalista". Ésta surge de confundir las exigencias de la naturaleza humana con lo que no son más que rasgos de la propia cultura: el salto del "ser" al "deber ser".
Termino con un conocido texto de Keynes: "...el problema moral de nuestra época tiene que ver con el amor al dinero, con la apelación habitual al motivo monetario en el 90 por 100 de las actividades de la vida, con el afán universal por conseguir la seguridad económica individual como principal objetivo del esfuerzo, con la aprobación social del dinero como medida del éxito constructivo y con la apelación social al instinto de acumulación como fundamento de la necesaria provisión para la familia y para el futuro".
30 de enero de 2011
¿SERÁ VERDAD...LO QUE DICE ESTE HOMBRE?

Para poder cumplir su misión, es necesario que la Iglesia sea la primera en ser evangelizada, es decir, en dejarse mover y guiar por los criterios de Jesús. Ésa sí que es una «nueva evangelización», indispensable para que la Iglesia sea transparencia de Dios. Hay todavía demasiada institucionalización, demasiado anclaje en formas culturales superadas (también en el lenguaje trasnochado), demasiados signos de poder, de ostentación —¿por qué nos cuesta tanto volver a la sencillez y a la austeridad?— y de búsqueda de reconocimiento social, demasiada falta de transparencia...
Un signo ha de ser elocuente por sí mismo, pero¿de qué es signo una Iglesia así?,¿quién cree en ella? Noqueremos enterarnos de que la Iglesia «suena a viejo, apasado», de que «dice cosas de interés» sólo para un 2,7 % de los jóvenes, y seguimos descalificando las críticas, con el pretexto del «humanismo inmanentista» que nos envuelve,en lugar de escucharlas y acogerlas como signo de los tiempos, a través del que también el Espíritu nos está hablando.
Evangelizar la Iglesia significa superar y cambiar formas concretas, que no han nacido del Evangelio, sino de determinadas coyunturas históricas, explicables pero no «canonizables». Lo que no podemos hacer es pedir a los hombres y mujeres del siglo XXI que comulguen con «formas» culturalmente superadas. Quizás, como ha escrito Juan Martín Velasco, un observador lúcido y preocupado por la Iglesia española, muchos que decimos estar consagrados a las tareas del Reino, parece que «estuviésemos en realidad dedicados a asegurar la supervivencia de las estructuras de la Iglesia». Da la impresión, en efecto, de que la Iglesia estuviera más preocupada por su número, sus vocaciones, su futuro, su estatus en la sociedad —las quejas, tan manidas en los documentos de la jerarquía, de que la Iglesia sea «relegada», sólo puede nacer de la añoranza de un tiempo en el que se sentía «protagonista»; ¿qué le pasó a su Maestro?—, su imagen en los medios de comunicación, la salvaguarda de sus principios morales...,que por la vida de las personas, y sobre todo la vida amenazada de miles de millones de personas en el tercer y cuarto mundo. Al contrario de lo que recomendaba Jesús (Mt 6,33), no se busca tanto el Reino cuanto la «añadidura». (EL GOZO DE SER PERSONA. Enrique Martínez Lozano)
AMÉN....