Al final este blog se va a convertir en un continuo fluir de indignaciones personales. Hay miles de razones para plantearse una huelga general, entre ellas el desacuerdo ante las medidas tomadas hoy por un gobierno que lleva el paso cambiado en Europa. ¿Cómo se le ocurre en un contexto europeo en el que se avanza cada vez con más rapidez hacia el ultraliberalismo intentar mantener la ya insólita bandera de la difunta socialdemocracia?.
Sin embargo, no podemos olvidar que la causa última de la crisis es el sistema económico que la parió en su versión financiera. Por lo tanto creo necesaria una huelga general, pero muy general. Tan general que debe afectar a todo nuestro sistema económico y financiero que volverá a salir indemne de la crisis que él mismo ha generado.
Un servidor no sabe de economía, pero sí que sabe:
Que un sistema económico fundamentado en una concepción del hombre como naturalmente egoísta y ambicioso... y que necesita para funcionar crear (al modo Frankenstein) a un nuevo hombre: el consumidor....me crea crisis y debe cambiar.
Que un sistema económico que genera mil millones de personas con hambre crónica en el mundo y no se mueve un solo dedo para evitarlo... nos crea crisis y debe cambiar.
Que un sistema económico estructuralmente insostenible y depredador del medio ambiente... nos crea crisis y debe cambiar.
Que un sistema económico que propicia que las bolsa suba y se alegren los mercados porque a los pensionistas se les congelan las pensiones... oiga usted nos crea crisis y debe cambiar... O TAL VEZ DESAPARECER.
Seré breve y contundente. Pondré, a quien corresponda, este artículo como ejemplo de:
1) Cómo no se debe hacer un artículo. Desastroso en el desarrollo expositivo. Desordenado en el razonamiento y con una esquizofrenia conceptual de primer orden. Véase la equívoca utilización de los conceptos igualdad-igualitarismo.
2) Cómo no debe ser un periodista:
Absolutamente unilateral en la selección de los acontecimientos (véase la alusión al terrorismo islámico ignorando el israelí o incluso el estadounidense).
Absolutamente necio en la comparación de contextos históricos y culturales absolutamente distintos. (Curiosamente el que aboga por la diferenciación y distinción cae en el igualitarismo contextual de todo y de todos). Véase el incluir en el mismo saco terrorismo vasco y terrorismo islámico.
Absolutamente ayuno de conocimientos históricos. Veáse la relación que establece entre la formación de las sociedades democráticas occidentales y la cultura cristiana, obviando que ésta también estaba presente en las barbaridades cometidas en la Edad Media.
Absolutamente desconocedor de la proclamación universal de los derechos humanos o lo que es peor, absolutamente manipulador de los mismos. Curiosamente nos ilustra sobre el artículo número 7 que habla de la igualdad ante la ley, pero pasa por alto nada menos que el número 1 que habla de la igualdad en dignidad y derechos. Creo que esta amputación no es inocente.
3) Cómo exponer muy torpemente algunas líneas de fondo del liberalismo al uso. Pese a estar ideológicamente en las mismas antípodas de este pensamiento, me duele (nos debe doler a todos) ver al enemigo tan vergonzosamente defendido.
Para comenzar el año 2010, e inaugurar el tercer año de vida de este blog, conocido como el Cronólatra, haré una confesión. ¿Por qué soy un cronólatra? Sencillamente porque el hombre (genérico) no es más ni es menos que memoria y profecía. Y exactamente igual que no hay tiempo - digno de ser señalado- sin hombre, tampoco podemos hablar del hombre prescindiendo del tiempo. Ambos cohabitan y se nutren mutuamente y a la preñez de esta mutualidad la conocemos muy bien, cada uno tiene una: la llamamos VIDA. Soy pues un cronólatra, porque hablar de tiempo es hablar del hombre, es decir, de nombres y de verbos como gozar, disfrutar, llorar, amar, reír, atormentarse, luchar, crecer y tantos otros. Soy cronólatra porque el tiempo y la realidad, ¡están tan cuajados de caminos, de sendas, de laberintos, de colores, de rostros… de oportunidades!. También me confieso cronólatra porque aborrezco la flaccidez y esterilidad de la imagen cíclica del tiempo cerrado sobre sí mismo. El clásico “Nihil novum sub sole”, redivivo en los actuales tiempos de agnosia y apatía. Pero ¡ay! cuando el tiempo y el hombre se giran y se cierran sobre sí mismos pierden toda significatividad, todo esplendor. Creo razonable pensar en el hombre y el tiempo como abiertos y por ello me instalo razonablemente en la más osada de las heterodoxias culturales de hoy: la finalidad, la profecía, el futuro posible y el sentido. Repito, no como posesión, sino más bien como instalación, como horizonte, como búsqueda. En definitiva, soy cronólatra porque me cautiva al hombre, y por ello he de adorar también a su condición de posibilidad. Soy cronólatra porque amo al hombre y de esta filantropía y de las entrañas me nace el deseo de amar a Dios. FELIZ AÑO NUEVO.
Creo que no puede sorprender a nadie que le hayan concedido a al presidente de los EEUU el premio Nobel de la Paz. Nos bastaría hacer una sencilla excursión por los nombres que ostentan tal título, para abandonar toda esperanza de que el susodicho premio pueda llegar a ser alguna vez significativo o si se prefiere mínimamente valioso. Lo que ocurre es que este mercado de la ambiguedad, este indecente revoltijo de nombres, acaba haciendo recostar en impúdico concubinato dos concepciones casi antagónicas de lo que es la paz, o mejor, de cómo alcanzar la paz.
Hoy en su discurso, Obama ha vuelto a lanzar la vieja soflama imperial: si vis pacem, para bellum
( si quieres la paz, prepárate para la guerra), asentada toda ella en varios pilares ideológicos. Nos detenemos en dos: uno) la existencia de un enemigo gratuito. Un enemigo que no se sabe bien por qué, nos detesta incluso nos ataca; dos) una concepción del ataque como defensa. Ante ese inexplicable enemigo nosotros nos defendemos arrasando Afganistán, Irak o lo que se presente. Una guerra sólo puede ser retroaliementada desde una construcción maniquea del "otro", como enemigo inexplicable y totalmente carente de rasgos humanos, obviamente nunca interlocutor válido en una probable negociación para la salida del conflicto (porque claro conflicto nunca lo hubo). En fin... bla,bla,bla. ¡La cantinela de siempre!
Puedo llegar a entender que Obama no pueda, por su circunstancia tener un gesto de paz con la deseada radicalidad. Efectivamente, todos vivimos en un mundo estructuralmente injusto y por injusto estructuralmente violento y por violento estructuralmente ciego para vivir la paz, no solo como meta, sino también como valor cotidianamente ejecutable, como "camino" que diría Gandhi. Todos podemos llegar a comprender que la paz es un camino de largo recorrido, repleto de pequeñas acciones y cómplices sinergias. Pero ya que nos faltan gestos comprometidos, proféticos y auténticos por parte de los políticos, no permitamos -que este indigno amasijo, también llamado, premios Nobel- haga que se desvirtúen los nombres de aquellos que, en muchas ocasiones, han dado su vida por la paz y nos hacen mantener (a muchos ¡oh ingenuos irredentos), una razón para la esperanza.
Con nocturnidad, alevosía y sin piedad. Así asesinaron los militares del Ejército de El Salvador al filo de la madrugada del 16 de noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) a seis jesuitas y dos mujeres salvadoreñas. Entraron en la residencia disparando y el primer tiró fue a dar al corazón de monseñor Romero en una fotografía suya que colgaba de la pared. Diez años después de su asesinato, sabían que seguía vivo en la memoria del pueblo salvadoreño y querían matarlo de nuevo. Luego sacaron a los jesuitas al patio, les obligaron a tumbarse boca abajo y les dispararon a la cabeza. Quiero recordar sus nombres para que queden fijados en la memoria colectiva como ejemplo vivo de compromiso ético y de fidelidad evangélica: Joaquín López, 70 años, salvadoreño, fundador de la UCA a mediados de los sesenta y director de de la obra latinoamericana de promoción social “Fe y Alegría”; Segundo Montes, burgalés, 56 años, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA; Juan Ramón Moreno, español, de la misma edad, subdirector del Centro Monseñor Romero; Amando López, español, 53 años, profesor de teología; Ignacio Martín Baró, 47 años, vallisoletano, vicerrector de grado de la UCA; Ignacio Ellacuría, 59 años, vasco, rector de la UCA, filósofo y teólogo. Eran lo más granado de la inteligencia salvadoreña y el referente del catolicismo liberador.
Con estas palabras, del teólogo J.J Tamayo quiero hacer mi pobre contribución al indispensable homenaje a Ignacio Ellacuría, filósofo y teólogo de la liberación. A aquel que puso todo su saber cordial a disposición de los más pobres y necesitados. A aquel que siguiendo la estela de otros tantos han dado su vida no por creer que otro mundo es posible... sino por haber empezado hacer realidad su esperanza.
Después de un largo y cálido verano, las lluvias me han despertado de una congénita pereza que se acentúa infaliblemente al comienzo del curso escolar.
Este verano releía "Yo y Tú" del personalista Martin Buber. Es un libro tan enigmático como esclarecedor y parece trasmitir al lector la impresión de que está hecho para ser leído muchas veces.
Y uno, que venía todo el final del curso anterior dándole vueltas a esto de la política, se ha encontrado con un texto sugerente y esclarecedor:
"A quien habita en el amor, a quien contempla en el amor, a ése los seres humanos se le aparecen fuera de su enmarañamiento en el engranaje; buenos y malos, sabios y necios, bellos y feos, uno tras otro, se le aparecen realmente y como un TÚ, es decir, con existencia individualizada, autónoma, única y erguida; de vez en cuando surge maravillosamente una realidad exclusiva, y entonces la persona puede actuar, sanar, educar, elevar, liberar.
Siendo un elemento esencial de la tarea política, su dimensión estructural, no cabe duda que esta la realizan los políticos. Sin políticos que amen lo que hacen y amen a aquellos a quienes se lo hacen, un saneamiento radical -que todo el mundo pide a gritos- del nobilísimo ejercicio de la política no llegará jamás.